Slow Life, como mantra familiar

Slow Life es un término muy simple, es vivir lentamente. Es una forma de vida que, aunque parezca mentira, está plenamente ligada a la filosofía del yoga o al menos yo lo veo así. Por qué dime tú si no, ¿cómo vamos a vivir en el presente con plena consciencia y con una atención plena en lo que hacemos en cada momento si no es viviendo despacio? Es muy simple, piensa en una situación muy común en las familias con niños.

Es por la mañana, un día cualquiera entre semana y suena el despertador. Vas a la habitación a despertar a tu hijo/os, lo haces con amor, despacio para que tengan un buen despertar, se levantan, les preparas el desayuno y de pronto ves el reloj…solo quedan 20 minutos para salir de casa y aún no han desayunado, ni se han vestido, ni lavado los dientes…es imposible llegar a tiempo, es lo único que te ronda en la cabeza y de tu boca solo sale venga desayuna, venga date prisa, venga que llegamos tarde, y cada más nervioso por llegar a tiempo, porque si no después tú también llegarás tarde y entonces empezamos a entrar en la dinámica de los automatismos. Esos instantes más o menos largos en los que actuamos por inercia, en los que ni siquiera somos conscientes del paso del tiempo, solo actuamos por inercia, perdiendo toda la presencia y llenando tu cuerpo y tu mente de estrés.

Lo peor de esto, no solo es que tú estes en ese automatismo, lo peor es que se lo transmitimos a nuestros hijos.

Ser madre me hizo darme cuenta de que tenía que vivir más despacio.

Entonces llegó mi primer bebé y tenía una sensación o más que una sensación, una necesidad de parar. Solo quería absorber cada segundo con él, quería dejar perennes en mi memoria su olor a bollito recién hecho, su piel suave, sus gorgojeos…pero el tiempo pasa y me di cuenta de que lo único que podía hacer era disfrutarlo con toda la intensidad que fuese capaz, que nada más importaba solo disfrutar de cada momento que pasaba con él. Así las horas empezaron a dejar de tener tanta importancia, las prisas por todo poco a poco se fueron y sin yo darme ni cuenta pegué un frenazo en seco en mi vida.

A los dos años llegó mi segundo bebé y tenía muy claro que no quería hacerles mayores antes de tiempo, ni al hermano mayor por ser el mayor ni a la pequeña, no quería que este sistema en el que parece que ser niño es un estorbo les absorbiera también a ellos y decidimos que era mucho más importante su propio ritmo, que por supuesto el nuestro como adultos estresados con prisas para todo, para despertar, para trabajar, para comer, para hacer deporte…PARA

Esto no lo queremos en nuestra familia, queremos que tengan sus propios ritmos, que jueguen, que se peleen, que se aburran, que aprendan, que crezcan uno junto al otro y que crezcamos como familia siendo nosotros lo más importante, nuestro tiempo juntos.

El mayor problema, encontrar el término medio entre una Slow Life y el estrés del día a día.

Pues sí, quizás el mayor problema es encontrar ese equilibrio entre las obligaciones y el ritmo de ellos, porque vivimos en sociedad y tenemos que ir al colegio, trabajar, hacer actividades y quizás dentro de toda esa vorágine podamos pensar que no pasamos demasiado tiempo juntos, pero si de algo he aprendido estos últimos años es que tan importante es el tiempo que pasamos con nuestra familia, como el tiempo que nos dedicamos a nosotros mismos y el que dedicamos para nuestras amistades y hobbies.  Si no establecemos unas prioridades, lo más fácil es que nos perdamos en este caos de sociedad donde se nos exige productividad el 100% de las horas en las que estamos despiertos, pero para ser productivos necesitamos tiempo de calidad y eso no te lo da el estar siempre haciendo cosas. Parar es necesario, detenerse y disfrutar, pasar tiempo de calidad, tiempo en el que disfrutemos y tengamos la sensación de estar plenamente con las personas que queremos.

Por eso cuando estoy con mis hijos, lo que intento es estar plenamente con ellos, de forma muy consciente, intentando respetar al máximo los ritmos y necesidades de cada uno, pero haciéndoles cada vez más conscientes de que esto es una elección de cada persona, el decidir cómo vivir tu vida.

¿Y cómo aplicamos la Slow Life a nuestra familia?

Pues como bien he dicho antes lo principal es pasar tiempo de calidad juntos. En nuestro día a día, tenemos que ajustar nuestras obligaciones laborales con la conciliación familiar, algo bastante complicado y más siendo autónomos. Pero a la autogestión del tiempo ayuda y mucho, quizás sea uno de los grandes motivos y beneficios de ser autónoma, poder disfrutar de este tiempo de calidad con ellos. Pero si, tienen actividades después del colegio para que podamos recogerles más tarde, eso supone tiempo de juego, deporte al aire libre, estar con sus amigos, hacer aquello que tanto les gusta. ¿Qué curioso verdad? Justo lo que los adultos hacemos y queremos.

Otras actividades es cocinar juntos los fines de semana, haciendo nuestras propias pizzas por ejemplo, horneando un bizcocho, juegos de mesa en familia, manualidades caseras, excursiones, todas esas actividades que nos permiten pasar tiempo juntos, tiempo en familia, tiempo de calidad y sobre todo tiempo sin prisas.

Cuéntame crees que vives en los automatismos o que cada vez vives más despacio.

Te leo.

Amparo

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