Yoga un estilo de vida

Soltar o quedarse. Aprender a elegir bien.

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Soltar, desde que empecé a interesarme por el Yoga, leer libros de filosofía, ir a las clases, se habla muchas veces de ello. Soltar todo lo que te hace daño, la mala energía, el cuerpo, dejar ir aquello que no nos hace falta. No intentar controlar todo lo que hay en nuestro alrededor, no intentar cambiar a las personas que nos rodean, no intentar cambiar una situación que nos perturba. Todo esto es muy complicado porque entra en juego el mayor enemigo de dejar ir y es el ego.

Gracias a personas inspiradoras y lecturas increíbles, yo me pregunto.  Hay determinadas situaciones en las que, ¿debemos aprender a soltar o debemos aprender a quedarnos? Creo que hay momentos en los que nos vemos sobrepasados y confundimos el no hacer nada, no atormentarnos o no luchar con soltar. Desde mi punto de vista dejar ir, no quiere decir abandonar, sino más bien aceptar. Aceptar esa situación complicada que tienes que, con tu pareja, por ejemplo, aceptarla o afrontarla y buscar una solución. No quiere decir que no hagamos nada y dejemos que esa situación se enquiste hasta el punto de que acabe mal por no actuar. Por lo tanto este dejar ir se puede ver desde muchos aspectos diferentes.

Soltar desde un punto de vista material.

A veces necesitamos tener la mente por debajo del corazón.

En esta sociedad consumista en la que vivimos, cada vez nos aferramos más a los bienes materiales. Tenemos más cariño a nuestro teléfono móvil que a muchas personas que nos rodean o al menos le prestamos más atención. Tenemos más de lo que necesitamos y muchas de las posesiones que tenemos ni siquiera somos conscientes de que están ahí, pero no las queremos perder. Tendemos acumular ropa, zapatos, accesorios, tecnología. No nos conformamos con lo que tenemos, siempre queremos más. Y aquí es donde entra en juego nuestro ego, donde tenemos que trabajar mucho el dejar ir como ya expliqué en una entrada anterior tenemos que trabajar el desapego, aparigraha.

Es muy complicado empezar a ser consciente de que vivimos sometidos por nuestras posesiones y liberarnos de ellas. Un trabajo muy duro del día a día, pero si es cierto que al liberarnos de estas posesiones que no necesitamos, nos libera del pensamiento encarcelador de que el que más bienes posee más riqueza tiene. Pero más importante es perder el miedo a la pobreza material. Así nos quitaremos esa mochila de necesitar cada vez más y más. No consiste en dejar de tener ambiciones en la vida o dejar de querer mejorar en diferentes aspectos de nuestra vida. Es más, crear consciencia de lo que verdaderamente necesitamos.

En este caso creo que es bastante clara la diferencia entre soltar y quedarse. Pues en el fondo si nos centramos un poquito en liberarnos y ser felices nos daríamos cuenta de que la mayoría de las cosas que tenemos no las necesitamos.

 

Soltar desde una perspectiva sentimental.

Esta sin duda, para mi es la parte más complicada y la que más difícil veo poder llevar a cabo. Incluso saber cuándo hay que soltar y cuando quedarse.

Las personas por regla general tendemos a juzgar a los demás. Desde que fui madre he sido juzgada por casi todas y cada una de las decisiones que he tomado con mis hijos. Hayan sido o no acertadas, antes de ver el resultado ya me habían juzgado. Y esto no es algo aislado, en general todas las personas estamos constantemente juzgando a los demás. Pretendemos cambiar sus comportamientos o respuestas por las que a nosotros nos conviene, sin ponernos en el lugar de la otra persona. Muchas veces, para sentirte a gusto contigo mismo. Ya que un comportamiento concreto de ti no te está gustando y lo ves reflejado en otras personas.

Cuando se nos dice que debemos dejar ir aquello que no nos deja vivir en paz, confundimos el huir del problema con dejarlo ir. Los problemas o conflictos familiares, con tu pareja, hijos, van a seguir ahí. No puedes huir del problema porque tarde o temprano va a volver. Otra cosa muy diferente es aceptar, aceptar cómo es esa persona. Aceptar que te has equivocado, dejar de juzgar a las personas que quieres porque no hacen lo que te gustaría. Liberarte de la pesada carga de los roles equivocados. Aceptar las situaciones como vienen sin intentar apartarlas a un lado. Sino afrontando el conflicto y dejando que poco a poco se vaya solucionando, aunque la solución no siempre sea la que nosotros queremos.

Y que decidir, soltar o quedarse.

Aquí es donde más encuentro el conflicto entre soltar o dejar ir. Cuando tenemos una relación tóxica con una persona de nuestro entorno, dependiendo que papel tenga en nuestra vida, será más o menos difícil dejar ir o tener ese conflicto interno de quedarnos. Necesitamos tiempo, meditación y no adelantarnos a las situaciones. Pensando en el momento presente, en cómo te sientes. Dejando atrás los rencores del pasado o las frustraciones del futuro. Pensado lo que te aporta realmente esa relación. Es muy complicado, pero en este caso esa incertidumbre, merece la pena meditarla mucho.

Habrá veces que soltemos, dejaremos ir personas que por circunstancias ya no están en el mismo camino y no pasará nada. Simplemente vuestro tiempo ha acabado, pero sin embargo vuestras vidas continúan igual. Otras veces los lazos familiares, sentimentales, en definitiva, el apego a esas personas te impide soltar y luchas por quedarte a su lado. Sin duda una decisión difícil y en la que hay mucho que valorar.

Así llegamos a la conclusión de que el apego, la acumulación, el ego, la mentira son obstáculos para vivir tranquilo y en paz. Trabajar estas partes de nuestra persona hará que consigamos ese equilibrio de saber cuando soltar y cuando quedarnos. Por lo tanto vivir en nuestro presente, sin pensar en que ha pasado o que pasará. Y quitándonos esas mochilas que hacen que nuestra vida sea más pesada.

 

Namasté

 



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